Sesenta litros de cámara con carga superior y 1320 °C de máxima. La versión eco recorta en acabados y en electrónica para bajar el precio, pero mantiene lo que de verdad importa en una cocción: aislamiento, resistencias y el control de rampa programable. Con este volumen caben varias placas apiladas, de modo que una hornada de bizcocho y otra de esmalte dejan de ser una carrera contra el calendario.
Es el horno lógico para quien vende en ferias o mantiene un pequeño taller de encargos. Pesa y ocupa: hay que pensar dónde se apoya, cómo entra por la puerta y qué potencia admite el cuadro eléctrico. Para pruebas sueltas de esmalte resulta desproporcionado, ahí cunde más una cámara pequeña que caliente en minutos.
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