El hermano mayor de la serie: 60 litros de cámara y 3,6 kW de potencia, una cifra pensada para talleres que no disponen de trifásica. Mantiene la carga superior, el aislamiento de fibra y el techo de 1320 °C, así que admite gres y esmaltes altos sin forzar el equipo. Con esa capacidad entran varias placas y una hornada semanal completa deja de repartirse en tandas.
Tiene sentido para quien ya vende su cerámica y necesita ritmo, o para un aula con grupos numerosos. El contrapeso es evidente: ocupa espacio, la tapa abierta pide altura libre y el tiempo de enfriado se alarga respecto a un horno pequeño. Quien solo hace pruebas de color pagará por litros que no va a usar.
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