Repartir la cuenta de una cena, el alquiler de una casa rural o la gasolina de un viaje en grupo acaba en discusión cuando todo se apunta en una libreta. Las aplicaciones para dividir gastos entre amigos evitan ese lío: cada uno anota lo que ha pagado y el programa calcula quién debe a quién, con el menor número de transferencias posible. Sirve igual para tres compañeros de piso que para doce personas en una despedida.
Para esta selección se ha mirado lo que de verdad se nota en el uso diario: si hace falta crear cuenta o basta un enlace, qué límites tiene la versión gratuita y cuánto cuesta el plan de pago, cuántas divisas admite y si convierte sin conexión, si permite reparto desigual por porcentajes o por partes, si exporta a CSV, si hay versión web además de iOS y Android, si la interfaz está en español y qué hace con los datos de los participantes.
Cada ficha resume qué es cada servicio, para quién encaja y dónde flojea. El orden de los puestos no lo decide la redacción: lo mueven los votos de la comunidad, y va cambiando conforme la gente opina. Antes de instalar nada, conviene leer las ventajas, las desventajas y las reseñas de quienes ya han cerrado cuentas con esa herramienta.
Splitwise lleva en marcha desde 2011 y es la primera parada de casi todo el que busca cuadrar cuentas de piso o de viaje. Se apunta el gasto, se marca quién pagó y entre quiénes se reparte, y la app deja el saldo resumido en el mínimo de pagos posible. Acepta reparto por partes iguales, por porcentajes, por partes o por cantidades exactas, maneja más de cien divisas, guarda gastos recurrentes para alquiler y facturas, y exporta el historial a CSV.
La versión gratuita cubre lo esencial, aunque muestra publicidad y limita cuántos gastos se pueden añadir en un mismo día; el plan Pro retira esos topes y añade escaneo de recibos y gráficos de gasto. Obliga a registrarse con correo, así que para una comida suelta entre desconocidos resulta pesado. Encaja mejor en grupos estables: piso compartido, pareja, cuadrilla que viaja cada año.
Tricount es la app de gastos compartidos más extendida en España, que es su segundo mercado por detrás de Francia. Sus usuarios repartieron cerca de 16.400 millones de euros en 2024, de los cuales unos 3.300 millones salieron de grupos españoles, según el informe anual de la compañía. Pertenece al banco neerlandés bunq desde 2022 y suma alrededor de 16 millones de usuarios en 175 países. Quien recibe el enlace de un tricount puede entrar y apuntar gastos sin registrarse.
El punto fuerte es la rapidez: crear el grupo lleva segundos, se pueden pedir los pagos pendientes y adjuntar fotos de tickets. Para quien tenga cuenta en bunq, los gastos de la tarjeta entran solos en el grupo. A cambio, el control fino queda por detrás de otras opciones y el historial vive dentro del ecosistema del banco, algo a valorar si se busca una herramienta neutra.
Settle Up nació en la República Checa con el nombre de Dlužníček y lo mantiene Step Up Labs. Funciona en Android, iPhone y navegador, y su gracia está en que sigue apuntando gastos sin cobertura: se sincroniza en cuanto vuelve la conexión, detalle nada menor en un camping o en la montaña. Los grupos se comparten por enlace o código, admite varias divisas con conversión y permite adjuntar la foto del ticket para que nadie discuta el importe.
La interfaz es sobria y directa, sin adornos, con la lista de saldos y la sugerencia de quién paga a quién. La versión de pago quita la publicidad y suelta funciones extra; la gratuita basta para un grupo de amigos y un viaje. No tiene pasarela de pagos propia, así que las deudas se saldan aparte, por Bizum o transferencia.
Splid va al grano: no pide cuenta, ni correo, ni contraseña. Se crea el grupo, se comparte el código o el enlace y cada uno apunta lo suyo desde su móvil. Todo queda guardado en el aparato y se sincroniza entre los miembros, así que se puede seguir metiendo gastos en un avión o en un pueblo sin datos. Guarda tipos de cambio para usarlos sin conexión, lo que ayuda en viajes con dos o tres monedas encima.
El reparto admite partes desiguales y gastos que solo afectan a parte del grupo, y al final muestra la lista de pagos con la que se cierra la cuenta. La versión gratuita de iPhone limita el número de grupos activos, mientras que en Android es más generosa; el desbloqueo completo se compra dentro de la app. Al no haber cuenta, si se pierde el móvil y nadie más tiene el grupo, se pierden los datos.
Spliit es un proyecto de código abierto que se usa desde el navegador, sin instalar nada y sin darse de alta. Se crea un grupo, se manda la dirección a los demás y cualquiera con el enlace puede apuntar gastos. Reparte por partes, por porcentajes o por importes exactos, agrupa los gastos por categorías, muestra los saldos y propone los reembolsos que cierran las cuentas con menos movimientos. Incluye lectura automática de recibos a partir de una foto.
Quien no quiera depender de un servidor ajeno puede montar su propia instancia, ya que el código está publicado. No hay publicidad ni plan de pago, se sostiene con donaciones. A cambio, no existe app nativa ni modo sin conexión, y la seguridad del grupo depende de que el enlace no ande circulando por ahí. Buena elección para gente sencilla en sus necesidades y celosa con sus datos.
Kittysplit es un servicio alemán pensado para el caso más común: un grupo que hace algo junto durante unos días y luego quiere saber quién pone y quién recibe. Se abre un bote, se escriben los nombres de los participantes y cada uno recibe su enlace personal, sin contraseñas ni registro. La interfaz está traducida al español y la empresa declara que no registra la dirección IP de los visitantes, un punto para quien mire la privacidad con lupa.
Al terminar, presenta la liquidación con el menor número de transferencias y permite ir apuntando gastos recurrentes de casa, como la compra del mes. Existe app para Android, aunque el uso principal sigue siendo desde el navegador. No busca ser un gestor de finanzas: no hay gráficos ni informes elaborados, solo el reparto bien hecho.
Splitser es la evolución de la conocida WieBetaaltWat neerlandesa y la gestiona Splitser BV, con sede en Ámsterdam. Aquí sí hace falta cuenta con correo verificado, y ese registro tiene su lógica: al cerrar una lista, el sistema manda a cada participante un correo con lo que debe y a quién, de modo que queda constancia por escrito. Funciona en móvil y en web, admite varias divisas y permite ajustar quién participa en cada gasto.
Es una opción ordenada para grupos que se toman las cuentas en serio y quieren un cierre formal, con la advertencia de que la liquidación no se puede deshacer. Los pagos integrados están orientados al mercado neerlandés, así que en España toca saldar por Bizum o transferencia. La interfaz tampoco está en español, algo que frena a parte del grupo.
SplitMyExpenses es una aplicación web centrada en el seguimiento de gastos de grupo con datos a la vista: gráficos que comparan lo que ha puesto cada uno, historial por meses y soporte para más de 150 divisas. Escanea recibos para no teclear importes y permite importar movimientos bancarios, de manera que los gastos aparecen sin buscarlos en el extracto.
El plan gratuito admite hasta diez amigos y una importación limitada de gastos antiguos; los planes de pago suben ese tope y dan prioridad al procesado, con precios de unos pocos dólares al mes. Es la opción para quien quiera analizar el gasto compartido y no solo cerrar la cuenta de un fin de semana. Los puntos flacos: interfaz en inglés, cobro en dólares y ausencia de app nativa.
Plates resuelve un problema muy concreto: la cuenta del restaurante cuando cada uno ha pedido cosas distintas. Se crean los platos en pantalla, se arrastra cada consumición al comensal que la pidió, los entrantes y las botellas se marcan como compartidos y la app reparte impuestos y propina en proporción a lo consumido. Admite hasta diez personas en la misma mesa y es gratis, obra del equipo de Splitwise desde 2013.
No lleva cuenta de deudas ni recuerda grupos: se usa en la mesa, se ve cuánto pone cada uno y se cierra. Ahí está su virtud y su límite, porque para un viaje de una semana no sirve. Va sobrada para cenas de trabajo, comidas de cumpleaños o cualquier mesa larga donde uno pidió menú y otro solo un café.
I Hate Money es una aplicación web libre, escrita en Python, para llevar un presupuesto compartido sin florituras. El acceso va por proyecto y no por usuario: se crea el proyecto, se fija una contraseña y todos los participantes entran con la misma, sin registros individuales. Apunta quién compró qué, cuándo y para quién, reparte con pesos distintos por persona y calcula la lista de pagos que salda el grupo.
Hay una instancia pública gratuita, y quien quiera control total puede instalarla en su propio servidor, que es el uso para el que se diseñó. Exporta los datos a CSV o JSON y ofrece una API para trastear. En contra: el aspecto es muy austero, no hay app oficial para iPhone y la contraseña compartida no distingue quién hace cada cambio, así que en grupos grandes conviene ser cuidadoso.