Hacer una web a los 70 no debería ser una pelea contra menús minúsculos y botones en inglés. Esta lista reúne creadores de webs sencillos para mayores, pensados para quien quiere publicar sus memorias, la agenda del coro, un blog de recetas o la tarjeta de visita de un pequeño negocio sin depender siempre de los nietos.
Para armar la selección se miraron cosas concretas: si la interfaz está traducida al español de verdad, cuántos pasos hacen falta desde el registro hasta el botón de publicar, si el editor perdona errores con deshacer y guardado automático, si hay plantillas ya montadas en lugar de un lienzo vacío, cómo funciona la ayuda (chat, teléfono, tutoriales con capturas) y qué se paga al renovar, no solo el precio de gancho del primer año. También pesó que un hijo o un vecino pueda entrar desde su casa a echar una mano.
Los puestos no los decide la redacción: se mueven con los votos de la comunidad, así que la foto de hoy puede cambiar mañana. Conviene leer cada ficha completa, con sus ventajas, sus pegas y los comentarios de quienes ya han pasado por ese panel, y quedarse con el que encaje con las manos y la paciencia de cada uno.
Wix funciona desde 2006 y es el creador de webs más conocido del mundo, con cientos de plantillas ya maquetadas y un editor donde cada texto o foto se coloca arrastrando con el ratón. Hay una vía más corta todavía: el asistente hace unas preguntas sobre el proyecto y devuelve la web casi terminada. El plan gratuito deja probarlo con un dominio del tipo usuario.wixsite.com y publicidad de la casa; para dominio propio y sin anuncios hay que pasar a un plan de pago.
Encaja con quien tiene tiempo y curiosidad: el panel tiene muchas opciones y eso al principio abruma, aunque el centro de ayuda en español es enorme y casi cualquier duda se resuelve con un tutorial. El detalle más útil para una persona mayor es que Wix permite pedir que el soporte llame por teléfono en lugar de escribir. La pega histórica sigue ahí: elegida la plantilla, no se puede cambiar sin volver a montar el contenido.
Webador es un creador de origen neerlandés que apostó por lo contrario a la sobrecarga: el editor tiene una columna de bloques (texto, foto, galería, formulario, mapa) y se apilan uno debajo de otro, sin capas ni cuadrículas que se descoloquen. La web no cambia hasta pulsar publicar, así que se puede tocar sin miedo. Hay plan gratuito con subdominio y planes de pago económicos con dominio propio, buzón de correo y tienda.
Es cómodo para asociaciones de barrio, clubes de senderismo, artesanos y cualquiera que necesite cinco páginas y un formulario de contacto. La interfaz está en español y el soporte responde en el idioma. Quien busque diseños muy personales se quedará corto: las plantillas son limpias pero poco flexibles, y la tienda cubre catálogos pequeños, no un comercio con cientos de referencias.
SITE123 renuncia al arrastrar y soltar a propósito. El sistema pregunta qué tipo de web se quiere, monta la estructura y luego solo se rellenan huecos: título, texto, imágenes. Nada se descoloca porque no hay nada que mover, y el resultado se adapta al móvil sin ajustes. Los sitios pueden ser multilingües desde el mismo panel. El plan gratuito incluye subdominio con límites modestos de espacio y tráfico; los de pago añaden dominio propio y correo.
Su punto fuerte para una persona mayor es el chat de soporte, disponible a todas horas y en varios idiomas, que resuelve dudas mientras se está editando. En cambio, quien quiera mover un bloque tres centímetros a la izquierda choca con el muro: el control del diseño es mínimo y las plantillas se parecen entre sí. Conviene revisar el precio de renovación antes de contratar el plan anual.
Jimdo nació en Hamburgo en 2007 y mantiene dos caminos. El guiado hace unas preguntas sobre el negocio o la afición y devuelve una web ya escrita y colocada, que se corrige a golpe de clic. El clásico da algo más de libertad con secciones editables. Lo que más se agradece en Europa es su generador de textos legales: el panel ayuda a preparar el aviso legal y la política de privacidad, trámite que frena a mucha gente. Hay plan gratuito con subdominio y planes con dominio propio y correo.
Sirve para presencias pequeñas y ordenadas: un taller, una consulta, un currículum en línea, un blog familiar. Quien luego quiera muchas funciones o integraciones notará el techo, porque Jimdo prioriza la sencillez sobre la potencia. El soporte se atiende por formulario y correo, sin línea telefónica en español.
Google Sites es la vía más corta y barata: con una cuenta de Google ya existente se crea un sitio sin registrarse en ningún sitio nuevo, sin tarjeta y sin publicidad. El editor cabe en una pantalla, se insertan textos, fotos, vídeos de YouTube, documentos y calendarios de Drive, y el diseño se ajusta solo al móvil. Para quien ya usa Gmail y guarda las fotos en Google Fotos, el material está a un clic. La dirección queda con el prefijo de Google, aunque se puede conectar un dominio propio.
Va como un guante para una web informativa: la parroquia, el club de petanca, un grupo de senderismo, la herencia digital de un álbum de familia. No sirve para vender, no tiene blog con comentarios ni estadísticas serias, y las plantillas son cuatro y muy sobrias. Si el proyecto crece, habrá que mudarse a otra herramienta, porque exportar el contenido a otro sistema no es cómodo.
WordPress.com es la versión gestionada del sistema con el que funciona una parte enorme de la web. No hay que instalar nada ni pensar en servidores: actualizaciones, copias de seguridad y seguridad las lleva Automattic. Se escribe en el editor de bloques, que se maneja como un documento al que se añaden párrafos, imágenes o galerías. El plan gratuito da subdominio y espacio limitado; los de pago suman dominio propio, quitar la publicidad y, arriba, plugins y temas externos.
Es la elección natural para quien quiere escribir mucho: memorias por capítulos, crónicas de viajes, una columna de opinión. Publicar entradas, etiquetarlas y ordenarlas por fecha es su terreno. En cambio, el editor de bloques tiene más aristas que un asistente guiado y aparecen conceptos que hay que aprender, como temas, widgets o enlaces permanentes.
IONOS es el brazo de alojamiento del grupo alemán United Internet, con más de tres décadas de historia y centros de datos en Europa. Su creador MyWebsite ofrece plantillas por sector, editor sencillo, buzones de correo y dominio incluido durante el primer periodo. El argumento que lo separa del resto para una persona mayor es humano: cada cliente tiene asesor asignado y hay teléfono de atención en español, así que se puede resolver un problema hablando en lugar de escribiendo en un chat.
Funciona para negocios locales que además necesitan correo con dominio propio, algo que muchos creadores dejan como extra. Los precios de entrada son bajos y suben de forma notable al renovar, conviene leer la letra pequeña. El panel de IONOS mezcla productos (dominios, correo, hosting, web) y esa cantidad de secciones puede confundir a quien solo quiere cambiar una foto de la portada.
Webnode viene de Brno, República Checa, y lleva desde 2008 en una idea fija: publicar rápido y en varios idiomas. Se elige plantilla, se edita el texto directamente sobre la página y se pulsa publicar; el mismo proyecto puede tener versiones en español, inglés o alemán sin duplicar el sitio, algo poco común en creadores tan simples. Hay plan gratuito con subdominio y planes de pago con dominio propio, correo y más espacio, con precios en la franja baja del mercado.
Le sacan partido quienes tienen un apartamento en alquiler, una casa rural o un pequeño negocio que recibe visitas extranjeras, y también quien solo quiere una web de presentación de cuatro páginas. Las plantillas son correctas pero algunas arrastran un aire un poco anticuado, y la personalización llega hasta cierto punto. El soporte se ofrece por correo y formulario, sin línea telefónica.
Hostinger empezó en 2004 como alojamiento barato y hoy incluye su propio creador de webs con generación asistida: se describe el proyecto en un par de frases y el sistema propone estructura, textos e imágenes que luego se editan por bloques. El paquete llega completo, con alojamiento, dominio gratis el primer año y correo, y el chat de soporte atiende a todas horas en español, con un tiempo de respuesta que suele medirse en minutos.
Interesa a quien quiere una sola factura y ninguna gestión técnica, y también a quien piensa en una tienda pequeña. La trampa clásica está en el precio: las tarifas de escaparate corresponden a contratos largos de varios años y la renovación cuesta bastante más, así que hay que calcular el gasto real a cuatro años. Los textos que genera la inteligencia artificial necesitan repaso, porque suenan genéricos y a veces inventan datos del negocio.
Carrd hace una sola cosa: páginas de una sola pantalla, tipo tarjeta de presentación, con foto, unas líneas de texto, enlaces y un formulario. El editor es tan reducido que se aprende en una tarde, la página carga en un instante y se puede tener publicada sin pagar nada, con la dirección terminada en carrd.co. La versión Pro, de precio anual bajo, permite dominio propio, quitar la marca y añadir formularios y pagos básicos.
Es la respuesta ideal cuando el objetivo cabe en una pantalla: un traductor jubilado que ofrece servicios, un pintor con cinco cuadros, un currículum con teléfono y correo. No sirve para blogs, catálogos ni webs de varias secciones, y hay un obstáculo importante para el público mayor español: la interfaz y la documentación están en inglés, así que suele hacer falta que un familiar acompañe el primer montaje.