Hostinger empezó en 2004 como alojamiento barato y hoy incluye su propio creador de webs con generación asistida: se describe el proyecto en un par de frases y el sistema propone estructura, textos e imágenes que luego se editan por bloques. El paquete llega completo, con alojamiento, dominio gratis el primer año y correo, y el chat de soporte atiende a todas horas en español, con un tiempo de respuesta que suele medirse en minutos.
Interesa a quien quiere una sola factura y ninguna gestión técnica, y también a quien piensa en una tienda pequeña. La trampa clásica está en el precio: las tarifas de escaparate corresponden a contratos largos de varios años y la renovación cuesta bastante más, así que hay que calcular el gasto real a cuatro años. Los textos que genera la inteligencia artificial necesitan repaso, porque suenan genéricos y a veces inventan datos del negocio.
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