Árbol genealógico único y colaborativo, en marcha desde 2008 por iniciativa de Chris Whitten, mantenido por voluntarios y financiado sin cobrar a los usuarios. Todo el mundo trabaja sobre los mismos perfiles, que ya se cuentan por decenas de millones, y cada colaborador firma un código de honor que obliga a citar fuentes y a resolver las discrepancias hablando. Los datos de personas fallecidas son públicos y se pueden exportar en GEDCOM.
Va bien para quien disfruta del trabajo en equipo y quiere que su investigación quede accesible sin coste ni letra pequeña. Quien prefiera un árbol privado y bajo su control se sentirá incómodo, porque aquí nada es propiedad de nadie. La cobertura hispanohablante todavía es modesta frente a la anglosajona y la interfaz, en inglés, tiene un aspecto de foro clásico que echa atrás a los recién llegados.
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